Biografías :: Arthur Miller |
Investigación: Lorenna Esposito
El
10 de febrero de este 2005 a causa del cáncer que lo aquejaba desde
hace tiempo, dejó este mundo quién figura entre los principales
autores teatrales en lengua inglesa del siglo XX: el dramaturgo estadounidense
Arthur Miller.
Su producción marcó un hito en la historia del teatro e influyó
en varias camadas de autores de todas las latitudes y pasó a convertirse
en la gran herencia testimonial sobre la realidad socioeconómica
y política que le tocó vivir.
Sus obras se interesan especialmente por la responsabilidad del individuo
hacia los demás, el conocimiento de uno mismo y la realización
personal. Escritas en un estilo sencillo y coloquial se originan en la conciencia
social del autor y su compasión hacia los que se dejan arrastrar
por los falsos valores impuestos, retratando así con una mirada crítica
su contexto social.
Miller nació en Maniatan, Nueva York el 17 de octubre de 1915 en
el seno de una familia de creencias judías. Su padre Isidore Miller,
inmigrante vienés, se dedicaba a la fabricación y comercialización
de ropa, un negocio próspero hasta que fue afectado por la Gran Depresión,
el famoso crack de 1929.
En ese momento, Arthur, sus padres y hermanos se trasladaron a Brooklyn.
El autor debe afrontar la dificultad y trabajar para mantenerse y pagarse
sus estudios.
Mientras estudiaba periodismo en la Universidad de Michigan en Ann Arbor,
comenzó a destacar por sus trabajos literarios, especialmente por
su comedia Todavía crece la hierba (1938) por la cual
recibió varios premios. En esta época frecuenta un curso de
dramaturgia gracias a una beca de estudio y es admitido al seminario del
Theatre Guild.
De regreso a Nueva York escribe obras teatrales para la radio y obtiene
su primer premio literario con Un hombre con mucha suerte, una obra
que sin embargo no tuvo éxito comercial.
Se aventura al ámbito narrativo con Situaciones normales y
en 1945 logró gran éxito con la novela Focus, un ataque
contra el antisemitismo en la sociedad norteamericana.
Su primer gran texto para el teatro fue Todos eran mis hijos (All
my Sons, 1947), elegida por el Círculo de Críticos de
Teatro de Nueva York como la mejor obra teatral de ese año.
Seguramente el mayor logro de Miller fue la obra Muerte de un viajante (Death of a Salesman 1949) por la cual obtiene el Premio Pulitzer de Teatro y nuevamente el Premio del Círculo de Críticos de Teatro de N. York. A menudo se cita entre las mejores obras del teatro contemporáneo. En un estilo casi poético, narra la trágica historia de un hombre normal, muy parecido a su padre. El protagonista Willy Loman es el paradigma del sueño americano del suceso y de la auto- afirmación, que busca el éxito y el respeto de los demás a través de un único axioma: to be a well-liked man, es decir, caer bien a todo el mundo. Para ello generará su propio sistema de referencias y tratará de inculcarlo en sus hijos.
Su conocida Las brujas de Salem de 1953, una obra que describe
los juicios por brujería realizados en Salem, resulta en realidad
una denuncia contra la investigación del Congreso de los EE.UU. sobre
las actividades subversivas dirigidas por el senador Mc Carthy que llevara
a cabo la conocida Caza de Brujas en contra de la ideología
comunista y por la que fuera Miller, de tendencias izquierdistas, perseguido.
El autor compareció ante el Comité de Actividades Antiamericanas
el HUAC (House Un-American Activities Committee) en 1956.
Lo condenaron por desacato, pero en apelación Miller quedó
finalmente absuelto.
En 1940 se había casado con Mary Grace Slattery, con quien tuvo dos
hijos, Jane Ellen y Robert, y de quién se divorciaría en 1956,
el mismo año que contrajo matrimonio con la famosa actriz Marilyn
Monroe, para quien escribiría en 1960 el destacado guión cinematográfico
Vidas rebeldes (The Misfits) con dirección
de John Huston.
En 1961 se separa de la actriz. Al año siguiente se casa por tercera
vez con la fotógrafa de procedencia austriaca Inge Morath fallecida
en 2002, con quien también tuvo una hija, Rebecca. En sus últimos
años vivió con la pintora Agnes Barley, 55 años menor
que él.
En Panorama desde el puente (A View from the Bridge,
1955) nos ofrece un magnífico panorama del doloroso mundo de la emigración:
la corrupción, la violencia contenida, la brutalidad de las condiciones
de trabajo, la falta de adaptación, la angustia de los obreros ilegales.
Formas varias en las que se manifiesta el demonio que llevamos dentro: un
retrato tragicómico de nuestras debilidades humanas.
El 4 de agosto de 1962, año y medio después del divorcio,
Marilyn comete suicidio. El 23 de enero de 1964 Miller estrena Después
de la caída (After the Fall) narra la experiencia
de un menage controvertido entre un intelectual y una actriz, donde claramente
se observan rasgos autobiográficos de sus vivencias con Marilyn,
a pesar del empeño de Miller en negarlo.
Sobrevolando su obra citamos entre otras: Incidente en Vichy
(Incident at Vichy, 1964) habla de los judíos arrestados
en Francia por los nazis; El precio (The Price,
1968) donde desde una óptica más discreta vuelve a reflexionar
sobre el compromiso del deber familiar, el engaño del éxito,
el veneno del culto al número uno y la liturgia del poder y el dinero
como referentes de corrupción.
Todos los títulos publicados y estrenados desde 1972 hasta 1993 correrán
la misma suerte: El techo del arzobispo (The Archbishops
Ceiling, 1979); El reloj americano (The American
Clock, 1980); en 1986 ¡Peligro: memoria! (Danger:
Memory!); Monte Morgan abajo o El descenso del
monte morgan (The Ride Down Mt. Morgan,
1991) y El último Yankee (The Last Yankee,
1993) irán atestiguando esa falta de sintonía de nuestro autor
con el público y, en consecuencia, tendrán una recepción
muy modesta.
En las dos últimas, sobre todo, intenta poner al día sus
temas. Monte Morgan abajo, estrenada en Londres, es una reflexión
sobre los excesos de los ochenta. Nadie quiere dejar de disfrutar todo lo
posible, todo lo que su edad, su posición o su dinero le permitan.
Incluso más. El último Yankee, estrenada en
Nueva York, es una entrañable reflexión en voz alta y sin
inhibiciones sobre las heridas que produce la convivencia y la vida. La
falta de esperanza, la sensación de inutilidad, el temor a la vejez
están contempladas desde el prisma de un Miller anciano.
En agosto de 1994 se estrena en el Royal National Theatre de Londres Cristales
rotos (Broken Glass) que recibió una acogida
entusiasta por parte del público inglés y cuyas reseñas
del día siguiente le dieron a Miller una gran satisfacción.
Se volvió a hablar de su talento y de su honestidad. Se volvió
a admirar su inspiración, su innata capacidad para contar historias
y su vena poética.
Arthur Miller parece sin embargo no haberse liberado por completo del
fantasma de Marilyn. En 2004, con 88 años, vuelve sobre aquella tormentosa
relación con un nuevo drama titulado Finishing the picture,
puesto en escena en el Goodman Theater de Chicago bajo la dirección
de Robert Falls, pieza teatral que más tarde se convertiría
en la última obra que estrenaría el autor en su vida.
Miller es un hombre del pueblo y entiende el teatro como un arte popular.
Muy en línea con la teoría marxista cree que el escenario
es un arma poderosa y el dramaturgo ha de utilizarla sin complejos para
cambiar la sociedad. El arte dramático para Miller no es sólo
un espectáculo más o menos vistoso, es además un referente
estético obligado para cualquier hombre y debe reivindicarse como
herramienta de aprendizaje. El teatro en el que Miller cree es el teatro
reflexivo, de argumentación y, sobre todo, reivindicativo; ese teatro
que ha demostrado ser el lujo de la inteligencia, el que combina el espectáculo,
la denuncia y la reflexión. Sin olvidar la poesía. Entiende
que el lenguaje poético es el vehículo más apropiado
para acercar al espectador a la tramoya escénica y que la poesía
hace fácilmente comprensibles incluso los aspectos más complejos
del arte escénico. El poeta, al contrario que el sacerdote, habrá
de ir a la búsqueda de la verdad, nunca creerse en posesión
de la misma.
Miller fallece a la edad de 89 años en su casa de Roxbury,
Conecticut.
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